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¿Hay algo de malo en ser nosotros mismos?

La gente nos crítica, nos juzga, ¿por qué lo hacen, incluso con su buena intención?

Cuando lo hacen, solemos intentar ser otras personas, para ser aceptados por ellos. Y cuando no somos quienes somos realmente, ¿qué sucede? Podemos llegar a sentirnos tristes, a no tener ilusión al levantarnos cada mañana y emprender nuestros proyectos. Perder la autenticidad es como perdernos a nosotros mismos, es como si nos pusiéramos un disfraz y nos autocensurásemos.

Y finalmente, atraemos a nuestra vida a gente a la que no queremos tener cerca.

Hoy hablamos con Carochan. Nos contará cómo vivió ese proceso de dejar de agradar a quien creía que tenía que agradar, su ‘cliente ideal’, para ser ella misma, auténtica Caro, razón y corazón.

 

Ser auténtico pasa por ser natural, decir tacos cuando te apetezca, o hacer alguna locura como abrir la venta y gritar: ¡Coño, coño, coño, mecawen tu puta madre! (Esto es coña, no hace falta hacer esto. O sí).

A veces simplemente hay que preguntarse: ¿Cómo queremos que sea un día ideal en nuestra vida? ¿Con qué personas quiero estar? ¿A quiénes quiero atraer? (Táctica recomendada por Ángel Alegre en su blog Vivir al máximo).

Fruto de este proceso de autenticidad, Carochan escribió lo siguiente:

Autenticidad, ramera despiadada.

 

Si no te levantas por la mañana con ganas de comerte el mundo, eso que haces no merece la pena.

Voy a organizarlo todo de tal manera que mis objetivos se cumplan. 

¡Vamos hablando!