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Dejar ir (segunda parte)

Hablando con amigos, familiares, conocidos… uno se da cuenta de que en nuestra vida suele tener más peso lo malo que lo bueno. Nos encanta amontonar sufrimientos y momentos malos porque en general, somos rencorosos.

¿Por qué amontonamos determinadas cosas y para qué? ¿Con qué propósito?

Es un concepto que escuche en el documental de Tony Robbins “Yo no soy tu Guru”, y que creo que es absolutamente acertado. Si recuerdas en el primer episodio ‘Dejar ir’, hablábamos de la acumulación de cosas en nuestra vida. En el ‘Detox de la vida’, comentábamos la necesidad de sacar de ella a las personas que son negativas y nocivas para nosotros y en esta ocasión vamos a hablar de lo que ocurre cuando amontonamos nuestra vida.

En la vida te pueden ocurrir muchas cosas que dependiendo de lo felices que nos hagan serán catalogadas y juzgadas. Esto provocará sentimientos y pensamientos que solemos ‘amontonar’. De ahí la famosa frase de “donde hubo fuego cenizas quedan” y seguramente sea así, ya que las hemos amontonado.

Quiero aclarar que cuando hablamos de amontonar no me refiero a los buenos recuerdos, a los sentimientos de amor, alegría y a todo aquello que te acerque a tu felicidad. Me refiero más bien a todo lo contrario, porque no nos engañemos, nos encanta amontonar el dolor, el sufrimiento y todo lo malo que nos ha pasado y que cargamos como si de una penitencia se tratará.

Si eres una persona organizada amontonaras tu vida en cajas perfectamente etiquetadas y si por el contrario eres de los que “yo en mi desorden encuentro todo”, pues haras montocitos esparcidos por todas partes.

Amontonar no es necesariamente malo.  Pero generalmente no te das cuenta de que de tanto amontonar pensamientos, sentimientos y recuerdos, puedes acabar sepultada por ellos y sin poder respirar.  Ahí puedes explotar (lo cual sucederá de mala manera y a lo bestia) o bien sepultarte en vida lo cual te llevará a no vivir tu vida.

Solución:

Lo primero sería reconocer cada cosa que amontonamos: creencias, pensamientos, recuerdos, personas… Una vez tengamos localizados nuestros montones, llegaría el momento de pensar por qué y para qué los hemos amontonado y qué significan para nosotros.

Una vez ya sabemos qué tenemos, por qué y para qué los hemos amontonado en nuestra espalda, llega el momento de dejar ir, de soltar, de coger montón a montón y soltarlos.
Para hacer esto te propongo varios metodos:
Coges un montón y lo escribes todo en una carta. En ella hay que sacarlo todo, vamos coger la aspiradora y no dejar ni rastro de polvo, cenizas o lo que sea. Después según sea el caso se la podremos mandar a la persona o destruirla, lo que queráis.
Otra opción es, si se trata de una persona y es posible quedar con ella, comentar todo lo que has amontonado. No tiene que ser una confrontación (que es algo un poco más agresivo), sino más bien una conversación en la que sacas todo lo que arrastras.

 

Idea:

Escribe una carta, pon palabras a aquello que sientes, a aquello que estás amontonando y libérate.

Hoy hemos hablado de…

 

¡Vamos hablando!